ME QUIERO VESTIR Y SOBRE TODO DESVERTIR ..........


Al iniciar esta entrada, quiero topar de lleno un tema, que a primera vista no tendría relación directa con el tema, pero si profundizamos los conceptos, entenderemos que una de las concepciones más importantes y que mejor delimita el rol de la sociedad en esta acción Gordofóbica esta dada por la acepción de blanquitud, tal como la definió Bolívar Echeverría,  la cual no es un atributo racial en sí mismo, sino una forma de ser, de comportarse, una identidad cultural, además Bolívar Echeverría plantea un diagnostico con respecto a las imágenes, estas como la implicación de una problemática de orden político que se vinculan con formas de concebir la realidad, la política se presenta como la capacidad del ser humano de hacerse a sim mismo, por lo tanto el ser humano está siempre reproduciendo una propia identidad, pero que pasa cuando esa identidad está trastocada, cuando esta imagen creada es el resultado de una falsa percepción de la propia corporalidad, dada por el consumo indiscriminado de  imágenes que tiene una relación directa con lo que se podría llamar la imagen prototípica, la imagen en la que la sociedad se reconoce a sí misma, alterar esa imagen producen un toque eléctrico en la médula de la sociedad.

Es por eso casi irreverente el plantear nuevas imágenes, nuevos imaginarios y la deconstrucción de comportamientos aprendidos y sobre todo los imaginarios construidos., sobre esto último tomaré un fragmento de una investigación en al cual se plantea claramente el manejo de imagen política de los gord@s y como esta se va incrustando en los imaginarios poblacionales.

La obesidad se ha convertido en tema de conversación y de preocupación social, abundan los programas y artículos en los medios de comunicación, y es una de las banderas de moda en las políticas sanitarias, no sólo de los países occidentales, sino cada vez de más lugares en el mundo. La obesidad es una enfermedad -mantienen todos al unísono- que debe ser combatida y erradicada. Las palabras que se utilizan son graves, se habla de pandemia, de porcentajes increíbles de sobrepeso en la población, de riesgo sanitario y de impacto en las cuentas públicas. Y ha crecido una rentabilísima maquinaria comercial para eliminar la obesidad mediante dietas, cirugía, ejercicio y cambio de estilos de vida. ¿Qué hay de verdad en todo ello? Poco importa, desde nuestro punto de vista. Es tanta la extensión de estas opiniones, que argumentar en contra se antoja una tarea desproporcionada y perdida. Las propias personas obesas han interiorizado y aceptan un discurso que las estigmatiza, las señala con el dedo ante todos y les pide un reconocimiento público de su pecado, de su ofensa para la estética, la salud y las arcas públicas. Las pruebas de esta aceptación y del estigma de la obesidad son abundantes, y los argumentos utilizados para justificarla, peregrinos y cargados de retórica legitimista y agresiva Baltasar Fernández-Ramírez Enrique Baleriola Escudero).

 Esta construcción política de nuestro cuerpo me plantea la imperiosa necesidad de buscar nuevas formas de posicionar a este cuerpo no normado, quiero vestir este cuerpo investible, este cuerpo sin talla posible de localizar, sin posibilidad de andar a la vanguardia, , de vestir de colores  pero sobre todo este cuerpo que parece imposible de desvestir, porque esta reñido con Eros, por que no es sensual y por lo tanto no merece ser deseado ni amado.




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